domingo, 9 de mayo de 2010

Curar la homosexualidad: alimentando la ignorancia

Cristina López Schlichting fue galardonada hace algo más de dos años con el “ladrillo rosa”, un premio que otorga el colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de Madrid (COGAM) y que la acreditaba como la más homófoba del año. A sus ataques al matrimonio entre personas del mismo sexo o al día del orgullo gay se suman las últimas opiniones manifestadas en su programa de las tardes de la COPE sobre la homosexualidad.

“La postura que socialmente es correcta respecto a la homosexualidad viene previamente establecida por una debilitación del valor específico del término “heterosexualidad”. Nosotros somos hombres y mujeres por algo, el ser diferentes entre nosotros nos da a conocer nuestras diferencias, y esto enriquece mucho… Por eso, el problema estriba, no en hablar tanto de la homosexualidad, sino en el valor específico que tiene la heterosexualidad para las personas”.

Cristina López Schlichting, “la linterna”, 1 de diciembre de 2005


Acudiendo a otras declaraciones de la locutora de las tardes de la COPE, en las que manifestaba que “la heterosexualidad garantiza la continuidad de la especie y la homosexualidad no”, deduzco que dicho valor residiría en la procreación. Partiendo de esta premisa, ¿qué diferencia existiría entre una pareja heterosexual que necesite acudir a un tratamiento de inseminación artificial y una pareja homosexual que utilice el mismo método para tener descendencia? ¿Qué valor específico puede tener la heterosexualidad para una pareja formada por un hombre y una mujer que no quieran o simplemente no puedan procrear? ¿Estarían, este hombre y esta mujer, al no querer o no poder reproducirse, debilitando el término “heterosexualidad”? ¿Qué diferencia habría entre esta pareja heterosexual y una homosexual al desaparecer ese valor específico de la procreación?


hace unos días, un nuevo episodio de “homofobia” al afirmar que entre las causas que podrían “provocar” el lesbianismo estarían desde la obesidad mal aceptada, una madre guapa y sobreprotectora, el alcoholismo de alguno de los progenitores o la falta del referente materno. Según se desprende de las declaraciones realizadas por las mismas, la homosexualidad se descubre con sufrimiento en la adolescencia al experimentarse unos sentimientos y/o deseos hacia una persona del mismo sexo: ante la imposibilidad de verbalizar sus sentimientos con normalidad se produciría una sensación de culpa, dolor y vergüenza acompañados de un “deseo de ser como los demás”, casarse o tener hijos. La homosexualidad sería curable y todo dependería del deseo de “abrir el baúl de las vergüenzas”, “recorrer el camino” y desarrollar “amistades sanas”. Además sería necesario, para emprender ese camino de salida de la homosexualidad, sentir “un dolor” y tener voluntad para descubrirse a si mismo.

¿Cuál sería la verdadera causa del dolor y sufrimiento de un homosexual: su homosexualidad o la homofobia? Si a Lolita le gusta Manolo descubrirá con normalidad su orientación sexual, no escogida, y compartirá con sus amigas, heterosexuales o no, los sentimientos experimentados: no existirá culpa, dolor o vergüenza para quien se siente aceptado y respetado, de antemano, por su entorno más cercano. En el mismo contexto de aceptación y respeto Lolita podría compartir, con las mismas amigas, lo que siente por su compañera Juani y descubrir su homosexualidad, no escogida, con la misma normalidad. Lo que personas como Cristina López Schlichting y sus tertulianas de mesa camilla no entienden es que Lolita no sufriría por sus sentimientos y deseos hacia Juani: Lolita sufriría por ocultar a sus amigas y a la propia Juani lo que siente, ante el temor a ser juzgada, tratada como una enferma, o causar un dolor absurdo e innecesario a su ignorante entorno.

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